1 año y 1 día de trabajo se acaba hoy.
1 año y 1 día menos; 1 año y 1 día más.
1 año y 1 día de acuerdos y desencuentros aleatorios, azarosos, obligatorios.
De encuentros y desacuerdos, y de nuevas cuerdas de tramas eternas que sirven de mapa a los parentescos.
1 año y 1 día rellenos de un humo espeso que oculta la meta incierta de un horizonte variable, fluctuante, desconcertante.
Viaje a través de un tiempo lento, monótono, radical.
Las válvulas de escape debidamente precintadas con seguros anti incendios.
Las pocas ventanas herméticamente selladas por un vacío de grandeza modesta, sumisa: ¡Ay! ¿Qué será de mí?
A veces, faltaba el aire.
1 año y 1 día de manos tendidas que sonríen afables.
De todas las bocas por donde siempre han nacido los únicos tonos del universo.
Un espacio virtual con tormentas eléctricas imprevisibles antes de su estallido.
Un cuadrilátero a niveles donde se celebra el culto a Dionisio en el último piso.
¡Hasta la última gota! – A veces se oía.
1 año y 1 día de más de lo mismo.
Para que aprenda.
