lunes, 24 de septiembre de 2007
viernes, 21 de septiembre de 2007
Brooklyn
El mundo parece más blando ahora, el tiempo se aplasta.
Ahora los días fluyen como nunca antes, vuelven a hacerlo como siempre.
En ese fluir me puedo tumbar y esperar tranquilo.
El mismo espacio que pasa me masajea la espalda y las nalgas.
Lo siento ligero y fresco como un destello en el agua.
A veces pardo y pequeño como un otoño que llega.
La vida es elástica y ahora se estira suavemente.
Brooklyn, mi casa, he vuelto ahora, te estaba esperando.
Ahora los días fluyen como nunca antes, vuelven a hacerlo como siempre.
En ese fluir me puedo tumbar y esperar tranquilo.
El mismo espacio que pasa me masajea la espalda y las nalgas.
Lo siento ligero y fresco como un destello en el agua.
A veces pardo y pequeño como un otoño que llega.
La vida es elástica y ahora se estira suavemente.
Brooklyn, mi casa, he vuelto ahora, te estaba esperando.
viernes, 14 de septiembre de 2007
En el metro
En el metro, cada cual guarda el misterio en su interior.
Como un pecado exquisito y etéreo inconfesable.
Es tan profundo que a veces hace daño.
Tan obvio que parece como que no se ve.
Tan evidente que pasamos a través.
Tan cierto que ciega.
Cada uno, sentado lo sabe.
Lo sabe sin saber que el otro, a su lado, lo oculta.
De pie, una supone haberlo captado por un instante
¿O era...?
Éste mira a través de las ventanas las paredes del túnel.
No, mira más allá.
Cree haber visto. Un día.
O quizá dos.
¿O era su casa?
¿O era el coche?
Áquella duerme.
Y mientras duerme sueña, y parece que sonríe.
El gran vacío rellena los agujeros de su cuerpo como hace años lo hacía la fascinación por la nueva realidad que era la vida de ahora.
Se despierta.
Cree que ya ha llegado.
No.
Como un pecado exquisito y etéreo inconfesable.
Es tan profundo que a veces hace daño.
Tan obvio que parece como que no se ve.
Tan evidente que pasamos a través.
Tan cierto que ciega.
Cada uno, sentado lo sabe.
Lo sabe sin saber que el otro, a su lado, lo oculta.
De pie, una supone haberlo captado por un instante
¿O era...?
Éste mira a través de las ventanas las paredes del túnel.
No, mira más allá.
Cree haber visto. Un día.
O quizá dos.
¿O era su casa?
¿O era el coche?
Áquella duerme.
Y mientras duerme sueña, y parece que sonríe.
El gran vacío rellena los agujeros de su cuerpo como hace años lo hacía la fascinación por la nueva realidad que era la vida de ahora.
Se despierta.
Cree que ya ha llegado.
No.
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