viernes, 14 de septiembre de 2007

En el metro

En el metro, cada cual guarda el misterio en su interior.
Como un pecado exquisito y etéreo inconfesable.

Es tan profundo que a veces hace daño.
Tan obvio que parece como que no se ve.
Tan evidente que pasamos a través.
Tan cierto que ciega.

Cada uno, sentado lo sabe.
Lo sabe sin saber que el otro, a su lado, lo oculta.
De pie, una supone haberlo captado por un instante
¿O era...?

Éste mira a través de las ventanas las paredes del túnel.
No, mira más allá.
Cree haber visto. Un día.
O quizá dos.
¿O era su casa?
¿O era el coche?

Áquella duerme.
Y mientras duerme sueña, y parece que sonríe.
El gran vacío rellena los agujeros de su cuerpo como hace años lo hacía la fascinación por la nueva realidad que era la vida de ahora.
Se despierta.
Cree que ya ha llegado.
No.