lunes, 11 de junio de 2007

Mi idea no es

Mi idea no es permanecer en este mundo más de lo estrictamente necesario, o mejor dicho conveniente, o mejor aun deseable. No entiendo la búsqueda de la inmortalidad, no la comparto. La vida, creo yo, es una sucesión de estadios diferenciados por la experiencia.

La vida es una iniciación mistérica que comporta diferentes grados. Esos grados están compuestos de diferentes fases fluctuantes que se repiten, se influencian, se superponen, de disipan. Bien, Mal, Mal-Bien, Mal-Mal, y aun Muy-Mal-Bien. La moral es de hecho tan subjetiva que clama al cielo ¿A qué vienen esas ansias de consenso, de unidad? ¿Pretendemos convertirnos en una especie de hormiguero, todos juntos cavando cada vez más hondo hacia el infierno?

Los grados son en número de siete, como las Siete Maravillas o los Siete Fantásticos. Siete grados que debemos superar allí dónde convenga ...y con quién convenga. Continúo creyendo que ninguno es superior a los otros. A medida que avanzamos perdemos ciertas facultades, pero ganamos otras más adaptadas quizá a la falta de vigor y ansiedad. Y seguramente perdemos también esas ansias de reconocimiento tan necesarias a las jóvenes generaciones. O al menos eso espero.

Mi idea no es repetir sin fin una existencia de deseo y de anhelo en la que todo se vuelve a cuestionar debido a nuestra constante amnesia.

La vida es una iniciación mistérica que comporta siete grados; los últimos reservados, sin duda, a los optimistas.