Se levantó del suelo manchado de sangre, escupiendo la bilis.
Antes de volver a caer miró con desprecio, un instante antes del aturdimiento completo, el coma casi, no, el fin.
Tirado ahí, en medio de la nada, vencido, su pensamiento cesó.
Su cabeza contra el asfalto chorreaba la vida que en contacto con el aire no tardaría en oscurecer, en solidificarse, en reducirse hasta convertirse en una mancha.
Él, tirado ahí, no tardaría en devenir lo siempre había deseado, en el fondo, de no haber...: materia.
Ough.
Tirado ahí, era sólo alimento del que no tiene más planes que el aquí y ahora, del redentor.
Éste le desabrochó lo bragueta tirando bruscamente le bajó los pantalones.
Él parece que dijo agauft.
Le arrancó el calzoncillo, de cuajo.
Su cuerpo permanecía intensamente caliente, incompresiblemente dispuesto.
Se le tiró encima mientras se desabrochaba, ahora temblando, su propia bragueta.
Con la mano derecha sacó su mástil y lo hincó en el ano ya inerte.
En el acto, su polla emitió un magma blanco que inundó el recto.
Luego, entre unos jadeos, la víctima se giró.
Luego, más tarde, volvió a casa.
