Cuatro días después de nacer decidí independizarme.
En ese momento sentí por primera vez el inmenso vacío que encerraba bajo el ombligo.
Fui a un espacio lejos de los demás. Cúbico.
Miré a lo alto y vi que estaba en lo alto de un barranco en el reflejo del fondo del cielo.
El suelo dejaba ver a través.
Las paredes se alejaron hasta perderlas de vista.
Solo en la nada uno deja de sentir su cuerpo.
Todo era nada.
Por primera vez.
A los cuatro días de nacer, por la tarde, más bien noche.
Cinco minutos antes de amanecer.
Mi propio llanto me despertó.
Me madre me daba el pecho y los primeros rayos del sol me deslumbraban.
Mi madre me acarició los labios.
Reí de nuevo.
