Los motivos se repiten una y otra vez.
Todo se me antoja como la repetición infinita de pocos motivos.
Como si de fotogramas se tratase, las mismas imágenes, los mismos recuerdos, las mismas impresiones, una y otra vez, quizá separadas por el poco tiempo necesario para permitir la ilusión de novedad, una y otra vez, aunque sólo sea por unos instantes que pueden resultar años.
Y no creo equivocarme al afirmar, una y otra vez, que todo se me antoja, una y otra vez, como la repetición infinita, una y otra vez, de muy pocos motivos.
Motivos, una y otra vez, que, una y otra vez, vuelven, una y otra vez, sin, una y otra vez, cesar, una y otra vez, de, una y otra vez, hacerlo, una y otra vez.
